Diseño cuadrado sobre el error que mancha la credibilidad de una historia, ilustrado con Manuelita la tortuguita mirándose al espejo.
Escritura literaria

Manuelita, la tortuguita

¿Alguna vez te pasó que leías un libro y, de repente, la historia se aceleró tanto que te desconectaste del relato? ⏱️💥

Esa incomodidad ocurre por un manejo inconsistente del tiempo narrativo. Y para entender cómo dominarlo, la literatura infantil nos regala una maestra única: Manuelita, la tortuguita. 🐢✈️

La genial obra de María Elena Walsh nos muestra que ni los salones de belleza de París pudieron ganarle la pulseada al tiempo; en su larguísimo viaje de regreso a Pehuajó, Manuelita volvió a su esencia arrugada. Así queda demostrado que el peso del tiempo es inevitable, ¡mucho más para una tortuga!

Como escritores, para que nuestra historia se sienta viva, real y creíble, necesitamos aprender a jugar con el reloj a través de dos dimensiones:

📆 1. El tiempo cronológico: es el tiempo real, lineal y sucesivo. Nos ayuda a anclar el relato mediante la cotidianidad de los personajes y los hitos sociales.

🎬 2. El tiempo narrativo: es el orden subjetivo en el que se decide contar los hechos. Pueden usarse distintas técnicas, como es el caso de la analepsis (flashbacks), la elipsis o las pausas.

La velocidad del tiempo depende de lo que se quiera transmitir. Si se necesita enfatizar la agonía emocional de un proceso, será ideal ralentizar el paso del tiempo. Si, en cambio, se pretende generar dinamismo, la elección acertada podría pasar por utilizar saltos audaces. ⏳✨

⏳ En tu historia actual, ¿el tiempo fluye de manera rápida o lenta?