Encarnar diferentes historias en una misma vida:
¿el origen de los personajes?
¿Cuántas vidas vivimos en nuestra propia vida? ¿Cuántas veces morimos y renacemos con una nueva identidad, con un nuevo sistema de valores y con un nuevo enfoque sobre la vida? ¿Cuán distintos podemos llegar a ser a ese yo de una vida pasada, de una etapa pasada?
¿Y si los personajes responden a la necesidad de retratar nuestro nuevo perfil? ¿O un perfil que no se logró visibilizar, no se logró hacer consciente? ¿Y si responde a una energía psíquica que busca que la miremos con mayor detenimiento, que le demos voz, acciones, emociones y pensamientos? ¿Y si una parte nuestra busca salir y decirnos que fue disociada, reprimida, silenciada, congelada o no vista y hacerse notar en la forma de un personaje imaginario? ¿O la creación de personajes sólo responde a la mera imaginación, sin profundidad, sin base?
Quizás no todas estas preguntas obtengan respuestas. Tal vez ninguna de ellas quede respondida. O en el mejor de los casos, es posible que a cada una de ellas logremos abrocharle una respuesta exacta, como si se tratara de la carpeta de un caso que acaba de ser exitosamente resuelto sin lugar a objeciones ni dilemas.
Sin embargo, estoy convencida de que ese último no es el punto. Respuesta sí o respuesta no. Darnos el privilegio de indagar en el desconocido mundo interior que nos habita, y que se expresa en los hilos de una historia, e intentar generar hipótesis es un resultado más que suficiente, y una respuesta que podría desplumarse en un nuevo abanico de preguntas.
Porque le creación de los personajes de una historia, y la tracción y movimiento que de esa misma historia ellos generan, podría tener orígenes tan diversos como las propias vivencias que nos atraviesan, no sólo como seres humanos, sino como seres que trascienden la simple y complejísima experiencia de transitar por la superficie de este mundo.
Me permito pensar que los personajes no florecen sólo de una imaginación productivista que lo único que busca es enarbolar una buena historia y ya, para entregar un nuevo libro al mercado y quizás -quien sabe- haber dado en el blanco con personajes empáticos cuya resonancia exacta en el centro de otros lectores fuera obra de la casualidad absoluta y azarosa.
No tendría ningún sentido aplanar con tanta osadía el acto de escribir una historia que nos atraviesa desde la superficie hasta la propia profundidad, como así también, volvería a ser un acto de osadía relativizar el efecto producido por el hecho de experimentar la lectura de una historia que nos deja absolutamente diferentes a quienes éramos antes de leerla.
Y cómo logran atravesarnos las historias que escribimos o leemos? Sin duda alguna que la mayor parte de los laureles se la llevan los personajes y sus vivencias.
Esto es lo que me lleva a pensar que el personaje -y la valentía de su creación por parte del autor o la valentía de su recreación por parte de quien lo lee- es un acto de auto-descubrimiento que implica la apertura de un portal que nos brinda el acceso a otras dimensiones, a otros planos, a zonas ocultas de nuestra alma, de nuestra psique. Un acto que se vale de una predisposición que parece ordinaria -como es el hecho de querer crear un personaje- como si fuera una puerta que luce un aspecto común, de una madera simple y con un clásico y repetido color marrón, pero que al jalar del picaporte contiene el paso secreto a universos que nos resultan inexplorados e inalcanzables desde nuestra consciencia de vigilia.
¿Y si los personajes responden a un llamado? ¿A una necesidad? ¿A una invocación?
El héroe podría ser llamado por nuestra voz interna, acallada desde las profundidades de nuestro inconsciente, cuando estamos a punto de necesitar encarnar esa energía. La sacerdotisa, el villano, el mago, la hechicera, la diosa, la niña, la madre perversa o el emperador que empodera a un pueblo entero podría tratarse de energías solicitadas por quien escribe porque está a punto de necesitarla, incluso, sin saberlo.
Es, tal vez, el poder de la pluma en su versión más elevada y más desconocida, que como un acto psicomágico convoca en la página en blanco a que se manifieste, que se haga presente, a que se materialice su propia guerrera, de quien va a nutrirse, como quien mira un trailer de una gran película, para hacerse de esa fuerza, de ese tenor, de ese perfil, de ese moldeado, sacándole provecho en una situación que está por acontecer, que está aconteciendo o que ya pasó y dejó la impotencia, la sensación de insuficiencia por no haberse contado o por no haber encarnado la energía de esa guerrera.
Y luego de ese viaje, ya no se vuelve igual. Escribir los periplos de ese personaje guerrero, doliente, de sufrimientos silenciosos, de transformaciones épicas y de reconversiones de la grandeza propia nos entrega el plasma creativo que deja al descubierto una potencia propia de una guerrera que ha emergido a la superficie en un formato comprendido como personaje ficticio. Y quizás, aquí está nuevamente la punta creativa para un próximo pedido de ese personaje que nos sale desde adentro, solicita que volvamos a abrirle las puertas del juego para expandirse en una nueva historia, en una nueva experiencia que volverá a traernos reconversión, sabiduría y la valentía suficiente para continuar relatándonos sobre ese guerrero interno que nos nació un día, formándose desde el ADN que encontró en nuestras propias entrañas, y que nos recuerda que, como autores o lectores, también contamos con esa fuerza, con esa misma potencia, con esa misma gracia.
Desde este punto de vista, el personaje nos construye, nos transforma, nos prepara para nuevos desafíos, nos pide que le demos voz, que le demos vida, y al hacerlo, nos permite la experiencia de volver a elegir qué humano, sub-humano o supra-humano queremos ser para habitar nuestra siguiente vida, la siguiente etapa del viaje vital.
Este es el dilema: vivimos muchas vidas en una sola. Diferentes versiones de nosotros mismos habitan el mismo cuerpo, generando ese cuerpo la distracción perfecta para que el resto, quienes conforman nuestro entorno, piense que seguimos siendo los mismos, aún cuando por dentro somos una versión muy alejada a la que ese entorno conoció, y una versión que en un futuro quedará suficientemente lejana a medida que las experiencias de la vida nos vayan pidiendo -a veces en un tono de advertencia o ultimátum- que invoquemos una nueva fuerza, un nuevo personaje, una nueva energía, una nueva respuesta para volver a forjar un quién soy y un quién seré luego del próximo desafío de experimental netamente humano.
No siempre esta dinámica puede reflejarse a través de actos conscientes. Quizás esa es la verdadera magia, la verdadera alquimia, el misterio de la reinvención y de la invocación de nuestras propias energías que, de acuerdo a la situación que la vida nos presenta, se levanta como respuesta certera de auxilio. Y esa respuesta toma la forma de un personaje.
Ahí, posiblemente estemos ante la más pura materia prima, ante la esencia creadora de aquellos seres que se nos presentan encaramados en una historia que de a poco va haciendo nido en nuestra mente, a través de la que buscan resolverse dilemas ocultos ante nuestros propios ojos, pero descubiertos enteramente frente a los ojos que miran esas páginas, a través de la potencia de una historia.
Ahí, el verdadero escenario en el que la esencia primigenia de nuestras fuerzas internas busca la creativa manera de manifestarse como un personaje en la superficie de las posibilidades totales: las páginas en blanco.
Luego de esta reflexión, nos gustaría saber qué te trajo este tema:
✅ ¿Crees que la aparición de un personaje en la mente de un escritor, responde a una perspectiva así de compleja? ¿O más bien se trata de una construcción meramente mental y analítica?
✅ ¿Has tenido una experiencia en tu vida en la cuál hayas sentido luego la necesidad de volcarla en un personaje?
✅ ¿Creaste un personaje, si ya te encontrás escribiendo, con quien hayas sentido un nexo mayor, como si se tratara de un ser real, y no simplemente un resultado de tu imaginación?
Te animamos a que compartas tu opinión en comentarios.
Melodías de un escrito | El podcast para escritores
Te dejamos el enlace al programa en el que reflexionamos sobre escritura y su universo creativo:







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