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Portada del artículo "La filosofía de Rafiki y el arte del diálogo filosófico. Un artículo en el que descubrirás con el análisis del Rey León a diferenciar entre la voz narrativa y la voz filosófica.

La filosofía de Rafiki
Y el arte del diálogo filosófico

Simba ha decidido esquivar el duelo de la muerte de su padre. Una decisión que llevó a cabo de manera inconsciente, empujada y manipulada por su propio tío. Su edad no le permitía digerir los hechos, trillarlos, masticarlos hasta asimilarlos como parte de él mismo. Su edad tampoco le permitió discernir entre las intenciones de Mufasa de salvarlo y la culpa. Pero Scars, astuto y líder de la emboscada mortal, se apoderó de esa culpa para transferirla sin piedad al cachorro de león.

Asustado, y siguiendo el consejo de su tío, un supuesto ser que debería velar por él, por su bienestar y por su seguridad, lo arrojó a las fauces de la vida sin planes predefinidos ni premeditación, quedando de esa manera huérfano frente a un mundo en el que debería aprender a hacerse espacio.

Hubo una ventaja, entonces, al abandonar ese matorral de espinos que finalmente lo separó del acecho y la persecución de las hienas: su estructura psíquica y su sistema emocional no estaban preparados para procesar lo que había sucedido. Y acá es donde la aparición de la dupla dinamita cae desde el cielo como un calmante que, al menos por un tiempo, lo asistirá para dejar de lado el dolor, la culpa y la profunda soledad a la que fue arrojado como consecuencia de una orfandad forzosa. Esta dupla dinamita no puede ser otra que la conformada por Pumba y Timón, quienes lo llevan hacia una vida placentera y sin responsabilidades, pero que en el fondo funciona como un mecanismo de defensa y evasión para no enfrentar la culpa y el trauma por la muerte de Mufasa.

Pese a todo, luego de haber crecido y estar cursando los primeros años de su vida adulta, la vida, bajo la demanda de su propio destino, consideró que ya era hora de golpear la puerta de su negación y confrontarlo a lo que no podía ser confrontado cuando era pequeño. Debía ser confrontado como paso previo y necesario para la toma de su propio destino y el comienzo del despliegue de su grandeza como futuro rey.

Sí, claro. Este golpe viene de un callado manejado por un mandril sabio y conectado al cosmos entero que acaba de enterarse que Simba está vivo. 

¿Cómo la vida y el destino enfrentaron a Simba?

Primero, intentó hacerlo a través de un personaje que podría llegar a tener un gran poder de influencia y persuasión sobre Simba: esta es Nala. 

Ella acababa de reaparecer en su vida y de contarle que el reino de su Padre estaba devastado bajo el mandato de Scar. Le pidió que volviera, pero Simba se negó, cumpliendo a la perfección una de las etapas fundamentales del viaje del héroe: la negación de su identidad y de su destino. Por lo tanto, la resistencia de su ego, y del dolor que este encubría, era enorme. 

Angustiado y confundido, Simba caminó solo de noche, miró al cielo estrellado y le reclamó a su padre en silencio: «Dijiste que siempre estarías ahí para mí… pero no es cierto». Estaba en su punto más bajo de soledad y desesperanza.

Y la respuesta sucedió casi de inmediato apareciendo el segundo personaje que lograría doblegar aquella resistencia: Rafiki, el mandril.

Nuevamente, acá es donde, una vez más, la varita mágica en forma de pluma creadora que posee el narrador en sus manos puede otorgarle, de manera momentánea, la visión filosófica volcada en el diálogo que mantiene con Simba. Esta escena desarrollada por estos dos personajes nos dejan demostrado que la construcción de un diálogo profundo, reflexivo y penetrante puede resultar tan conmovedor y tan confrontativo como una secuencia de acciones espectaculares, propia de la novela de aventura.

Rafiki así, encarna no sólo el personaje que lleva en su piel el arquetipo del gurú, el sabio o el mago, sino también el espacio conversacional en el cual el narrador ahondará sobre cierta perspectiva del mundo desde una lógica reflexiva y filosófica.

El momento de la confrontación: el reencuentro

En medio de ese silencio melancólico y pesado, irrumpió una voz estrafalaria, cantando una tonada aparentemente absurda entre las ramas de los árboles:

«Asante sana squash banana, wiwi nugu mi mi apana!»

Apareció Rafiki, saltando de rama en rama, riéndose, acercándose al comportamiento de un viejo chiflado, molestando físicamente a Simba quien, molesto y cerrado en su propio drama, intentó sacárselo de encima.

No obstante, Rafiki, en un plano diametralmente opuesto a la chifladura, no intentó como primera arma convencer a Simba con un discurso lógico ni con un reproche moral. En lugar de eso, lo acorraló con la pregunta filosófica por excelencia, para luego darle paso a algunas lecciones prácticas pero eficientes:

Rafiki: —¡El problema es que no sabés quién eres!

Simba: —Y según tú, ¿quién soy?

Rafiki: —Eres el hijo de Mufasa.

Esa sola frase paralizó a Simba, teniendo la eficiencia total de accionar la convocatoria del trauma, regresando de golpe, echando por tierra todos sus esfuerzos por evadir ese duelo que nunca pudo transitar:

«Mufasa murió hace mucho tiempo».

Contestó. Dándole paso a la primera gran revelación del mandril sabio:

Rafiki: —¡Falso! Él está vivo. Y te lo voy a mostrar. ¡Sigue al viejo Rafiki, él conoce el camino!

El espejo de agua y la anagnórisis (el despertar)

Rafiki lo guió siguiendo una corrida acelerada y caótica a través de un túnel de vegetación tupida hacia un estanque de agua quieta. Una vez ahí, y con un icónico “¡Alto!” frena de manera contundente ese ritmo para darle cabida a la quietud total. El mandril, por consiguiente, le indicó buscar su reflejo en esa porción de agua. 

Al principio, Simba sólo vio su propio reflejo y, esperadamente, se decepcionó: «No es mi padre, es sólo mi reflejo».

Pero Rafiki insistió, volvió a tocar el agua, rompiendo la superficie para transmitirle el core absoluto de su propia verdad: 

«Mirá más de cerca… Él vive en ti. Ahí está».

Y esa simple pero portentosa frase le da lugar a una de las escenas más colosales del maravilloso relato de Disney en su historia de leones: el cielo se iluminó, las nubes tomaron la forma de Mufasa y su voz divina retumbó como eco de la frase que resonó en lo más profundo de la anatomía psíquica de su hijo Simba: 

«Simba, me has olvidado. Si olvidas quién eres, me olvidas a mí. Recuerda quién eres. Tú eres mi hijo, el verdadero rey».

El bastonazo: la lección de la experiencia

Cuando la visión de su padre estampado en su propio reflejo desapareció, Simba volvió a dudar. Así volvió la resistencia, la incredulidad y la negación. El dolor de volver a enfrentar la realidad lo abrumó. Por lo tanto, Rafiki, sin avisar, acude a su lección práctica: lo golpeó con un firme y tremendo bastonazo en la cabeza con su garrote:

Simba: —¡Auch! ¿Por qué hiciste eso?

Rafiki: —No importa, ¡ya es parte del pasado!

Simba: —Sí, ¡pero todavía me duele!

Rafiki: —¡Ah, sí! El pasado puede doler. Pero según como yo lo veo, puedes o huir de él o aprender de él.

Rafiki, corroborando la eficacia de su metodología práctica, le tiró un segundo bastonazo, pero esta vez Simba logró agacharse y esquivarlo para librarse del dolor.

Como respuesta, Simba agarró el bastón de Rafiki, lo tiró al suelo y salió corriendo de regreso a Pride Rock, el reino de su Padre, para reclamar su trono. Rafiki festejó saltando de alegría y plenitud: el héroe ha despertado.

Reflexionemos, ¿por qué este reencuentro es tan perfecto para nuestro análisis?

Rafiki no lleva a cabo el trabajo del héroe:

  • No pelea contra la culpa de Simba ni lo recrimina, profundizando el dolor y la herida; simplemente hizo que Simba mirara hacia adentro.
  • No resucita a Mufasa físicamente; le demuestra que Mufasa vive en su identidad, que nunca murió.
  • No le da una clase teórica sobre el pasado; salta a lo empírico sin previo aviso: le pega un bastonazo para que experimente la diferencia entre huir y aprender.

Es un reencuentro donde la sabiduría no es solemnidad tediosa, sino es el núcleo de la provocación, el misticismo y la sacudida emocional de manera simple y llana.

Entonces, ¿qué representa realmente Rafiki, el mandril chamánico de esta historia?

Representa la figura del Sabio o Mentor trascendente que permite dar ese salto hacia la dimensión reflexiva y la profundidad de los personajes.

Rafiki es un caso de estudio extraordinario. No es solo un anciano sabio tradicional (como podría ser Gandalf o Dumbledore, un tanto más solemnes); es un sabio excéntrico, místico y terrenal, lo que en simbología narrativa y cromática se asocia con el color violeta: la integración entre el azul (la mente, la serenidad, la profundidad) y el rojo (la tierra, la energía vital, la acción corpórea). El violeta representa la transmutación, la intuición y la conexión con lo divino.

1. El arquetipo del Sabio trascendente

En la estructura del Viaje del Héroe (Joseph Campbell), el Mentor no aparece simplemente para dar instrucciones o un mapa. Aparece cuando el héroe está atascado en su propia resistencia.

Simba en la selva representa el estado de Hakuna Matata: una falsa paz, una falsa sensación de sentirse pleno y a gusto con su vida, un mecanismo de defensa basado en la evasión, la anestesia emocional y el olvido de la responsabilidad. 

La función de Rafiki es irrumpir en esa burbuja de falso confort y romper el autoengaño.

Las características clave de este arquetipo
  • El puente entre lo visible y lo invisible: Rafiki no habla desde la lógica pura del mundo cotidiano; habla desde la analogía y el plano extrasensorial (los dibujos en el árbol, las estrellas, el viento, la conexión con Mufasa). Conecta al personaje con el orden superior de las cosas (el Ciclo sin fin).
  • La excentricidad como llave para saltar el ego: ¿Por qué Rafiki se ríe, canta «Asante sana squash banana» y actúa como un mandril un tanto chiflado? Porque si abordara a Simba de manera frontal y formal, las defensas del ego de Simba que protegen su dolor sangrante (la culpa y el trauma por la muerte de su padre) se activarían inmediatamente. La excentricidad desarma las barreras del protagonista.
  • La pedagogía de la experiencia (el bastonazo): este Sabio no da sermones teóricos; genera experiencias reveladoras. Cuando Rafiki lo golpea con el bastón en la cabeza, le enseña la lección más icónica sobre el pasado: «El pasado puede doler, pero puedes huir de él o aprender de él».

2. La diferencia entre voz narrativa y voz filosófica

Veamos un aspecto temático más asociado directamente al diálogo filosófico entregado a un personaje por el narrador: la diferencia entre estas dos voces:

Dimensión

Voz narrativa

Voz filosófica

¿Qué impulsa?

La trama (el qué pasa).

El tema (el qué significa).

Su función

Mueve las acciones, los acontecimientos, el peligro, los objetivos externos e internos del personaje.

Le otorga sentido ético, existencial o moral a los hechos de la trama.

Su pregunta

¿Logrará el héroe derrotar al villano o sobreponerse a la dificultad?

¿En quién necesita convertirse el personaje o qué necesita aprender para ser digno de su destino?

3. ¿Por qué es útil otorgarle esta voz a un personaje específico?

Asignar la voz filosófica a un personaje como Rafiki (y no directamente en la voz del narrador) cumple varias funciones estratégicas en una obra:

A. Encarna la tesis o la verdad del relato

Toda gran historia es un debate moral o existencial. En El Rey León, la mentira en la que vive Simba es: «Mis errores me definen, el pasado no se puede cambiar, mejor es no hacerse cargo». La voz filosófica encarnada por Rafiki trae la verdad del relato: «El pasado no te define, te enseña; tu identidad está ligada a un propósito mayor, no a lo sucedido».

B. Evita que el autor sea aleccionador (paternalista)

Si el autor intenta transmitir la moraleja mediante la narración en tercera persona o forzando diálogos artificiales entre los protagonistas, la historia podría sonar una predicación. 

Pero si esa filosofía proviene de un personaje arquetípico cuyo sistema de creencias es totalmente coherente con su naturaleza (un chamán, un viejo maestro, un guía místico), la lección se siente orgánica, ganada y poética.

C. Provoca la anagnórisis (el despertar del héroe)

En la tragedia clásica, la anagnórisis es el momento en que el héroe pasa de la ignorancia al conocimiento, el instante en que se le caen las vendas de los ojos.

La voz filosófica inmiscuida en un diálogo es la linterna que ilumina esa revelación. Simba no regresa a Pride Rock porque quiera pelear contra Scar por poder; regresa porque la voz filosófica le hizo recordar quién es realmente.

D. No resuelve el conflicto por el héroe (le da las herramientas)

Podría ser un error al escribir determinar que el Sabio resuelva el problema con su magia o poder. La voz filosófica no pelea la batalla final. Rafiki no va a derrotar a Scar ni a las hienas; sólo le devuelve a Simba la corona interior. 

La batalla en carne propia la da el héroe.

 


 

Luego de esta reflexión, me gustaría saber qué te trajo este tema:

Pregunta 1 (enfoque en el arquetipo del Sabio o Mentor):

En tus relatos o lecturas favoritas, ¿has incluido o encontrado a un personaje tipo Rafiki (excéntrico, místico, «violeta») que use caminos alternativos como hacerse el chiflado para desarmar el ego del protagonista, o solés preferir mentores más tradicionales y solemnes como Gandalf o Dumbledore?

Pregunta 2 (enfoque en la voz filosófica y la voz narrativa):

Transmitir la verdad o tesis del relato sin sonar paternalista o aleccionador es uno de los grandes desafíos al escribir. ¿Qué recursos usás para que el mensaje profundo de la historia nazca de forma orgánica en la voz de un personaje y no parezca un sermón directo del autor?

Pregunta 3 (enfoque en la pedagogía de la experiencia):

Rafiki no le da a Simba un discurso teórico sobre el pasado: le da un bastonazo en la cabeza para que experimente la diferencia entre huir o aprender del pasado. ¿Solés diseñar experiencias reveladoras o bastonazos narrativos para tus personajes?

Pregunta 4 (enfoque en el límite del Mentor):

Rafiki le devuelve a Simba su corona interior, pero no va a pelear contra Scar ni a reclamar el trono por él. Como escritor o lector, ¿te ha pasado de ver historias donde el mentor hace más de la cuenta en lugar de dejarle el protagonismo al héroe o la resolución del conflicto final?

Te animo a que compartás tu opinión en comentarios.

¿Te gustaría saber más sobre este tema?

Melodías de un escrito | El podcast para escritores

Te dejamos el enlace al programa en el que reflexionamos sobre escritura y su universo creativo:

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