Alana | academia de escritores

Gráfico explicativo de Alana que advierte sobre el error que mancha la credibilidad de una historia, mostrando fotogramas de la tortuga Manuelita en un espejo.

Manuelita, la tortuguita

El viaje a París y la comprensión del paso tiempo

Manuelita, la tortuguita es una de las canciones infantiles más emblemáticas de Argentina, creada por la genial cantautora María Elena Walsh en 1962.

La historia es tan tierna como desopilante. Para quienes no han tenido el privilegio de escuchar la canción, y también para aquellos que sonríen al recordarla una vez más, la melodía y su letra encierran el siguiente cuento:

El punto de partida

Manuelita vivía en Pehuajó (una ciudad de la provincia de Buenos Aires), pero un día se dio cuenta de que estaba enamorada de un tortugo que pasó por ahí.

La gran decisión

Como se sentía vieja y arrugada, decidió que para conquistar a su amor debía embellecerse. Así que emprendió un viaje larguísimo hacia París (Francia), ¡caminando pasito a paso! O, mejor dicho, en los términos de la canción “con su paso tan audaz”.

La transformación

Al llegar a París, fue a una peluquería y a un centro de estética. Allí la plancharon, la pintaron con barniz, le pusieron peluca y la vistieron con un traje de encaje. ¡Quedó hecha una reina!

El regreso

Satisfecha con su nuevo look, se tomó un barco para volver a Pehuajó. El problema fue que el viaje de regreso desde Europa tardó tanto que, en el camino, se le borró el maquillaje y se volvió a arrugar.

El final feliz

A pesar de haber vuelto exactamente igual que antes (vieja y arrugada), su tortugo la estaba esperando en Pehuajó, demostrando que el amor va más allá de las arrugas.

¿Por qué Manuelita no logró su cometido?
La alteración de su esencia.

Ya estamos tranquilos. Manuelita tuvo su final feliz. Su viaje a París para embellecerse en la mejor plaza de la moda y las tendencias de estilo disponible para las tortugas coquetas resultó en detrimento al regresar por el agua. ¡Volvió a arrugarse luego de que la habían planchado vuelta y vuelta!

Sin embargo, este maravilloso cuento nos da un puntapié para pensar en uno de los elementos narrativos más trascendentales de todo relato: el tiempo.

Cuando hacemos referencia al tiempo, podríamos pensar en un diamante con sus diversas aristas: la velocidad del tiempo, la linealidad del tiempo, la alteración del tiempo y el reflejo de este a través de diferentes elementos.

En el caso de nuestra tortuga enamorada, el paso del tiempo y su característica velocidad para el caso de una tortuguita, nos deja demostrado que ni los salones de belleza más sofisticados de París pudieron alterar la maestría de ese tiempo: el paso, el avance, la evolución de este para Manuelita no pudo ser alterado; sencillamente en su camino de vuelta el peso de hierro del tiempo -percibido desde el personaje- dejó su indefectible huella, volviendo todo a su verdadera esencia: la piel arrugada de una tortuga.

Lo mismo acontece cuando maniobramos con este elemento narrativo. Existen ciertas decisiones, de las cuales debemos ser conscientes para que el paso del tiempo sea acompañado mientras se desenvuelve el relato, que le otorgan coherencia a ese tiempo y a la velocidad que se decida darle. De lo contrario, puede volverse en nuestra contra, saltando a todas luces la incomodidad del lector -o incluso los personajes- ante una maniobra mal dada en relación a esta dimensión.

Para ser ilustrativos, pongamos el siguiente ejemplo: si estamos viendo una serie de Netflix o leyendo nuestra saga favorita, y llegado a cierto punto del relato notamos que la historia se acelera de manera inconsistente o infundada, esa alteración nos hará dar un salto de incomodidad, haciéndonos sentir que la cadencia que hasta ahora traía la historia ha sido forcejeada. Generalmente, una alteración así se vive como una pérdida de calidad, credibilidad o apego a la historia que hasta ahora había tenido la capacidad de arroparnos en su mundo propio y su sistema de leyes, incluída la ley de la velocidad del tiempo.

La vida cotidiana y las ceremonias o hitos sociales como anclas del paso del tiempo

Más allá de la mención explícita del paso del tiempo en construcciones del tipo: “pasó mucho tiempo”, “luego de 7 años”, “una vez pasado todo el verano y parte del invierno”, existe una forma de generar bajadas concretas para demostrar este paso, y que tiene un punto core: la empatía a través de los mismos anclajes que a todas las personas nos demuestran que el tiempo pasa. 

Nos metemos de lleno entonces en dos variables: 

La vida cotidiana

Cuando en una novela o en cualquier tipo de relato hacemos referencia al momento en el que el personaje duerme, desayuna o camina hacia la parada de taxi dejamos entrever, a través de una estela de sutileza, aquello mismo que nos acontece a todos al llevar a cabo este tipo de tareas: el tiempo que nos toma esos microeventos diarios, más allá de cuán inconscientes y automatizadas los tengamos. 

Además, si el personaje duerme estamos haciendo referencia a la llegada y el transcurso de la noche; si el personaje desayuna o almuerza estamos también brindando una referencia temporal del momento del día en que aquel se encuentra, o bien, si camina hasta la parada del taxi suponemos que va a desenvolverse un tiempo de traslado desde un lugar hacia otro, lo cual, también consume minutos, e incluso horas. Con todo esto, la vida del personaje se nos hace palpable, empatizable, cercana, familiar. La vida del personaje con estos puntos demostrativos de temporalidad nos arrojan una verdad: su existencia es real. Y podemos evaluarlo así porque el desempeño de su cotidianidad se nos hace creíble, comprobable y certera. El personaje, por consiguiente, es tan real como un ser humano de carne y hueso que se encuentra atrapado en las mismas leyes del tiempo y del espacio, desplegando desde ahí su andar.

En la película de El señor de los anillos, específicamente en la escena en la cual Frodo y Sam están viajando hacia la fosa en las Grietas del Destino para llevar el anillo, la cotidianidad y sus puntos de referencia se pierden completamente. El foco está puesto de manera absoluta en el periplo y las dificultades, no sólo físicas, sino internas que esta travesía les ocasiona a cada paso. Sin embargo, cuando en un momento Sam saca comida de su pequeño bolso, nos vuelve a la realidad de que esos personajes también sienten hambre, sueño y cansancio. 

Desde este enfoque, entonces, ese evento que podría parecer de trascendencia nula, le devuelve a quien expecta la historia la sensibilidad por los personajes y la sensación de que nuevamente está ante seres reales y creíbles: porque ellos también necesitan comer cuando ha pasado un cierto tiempo. Tan simple como eso.

Ceremonias o hitos sociales

Otra variable por demás eficiente que nos permite que el lector, de manera inconsciente, experimente la no detención del tiempo son aquellos hitos o ceremonias sociales que en el mundo real nos enfrentan de manera directa a la evidencia del señorío del tiempo. 

Nos hacemos conscientes de que un niño está demostrando que el tiempo pasa cuando nos confronta con un hito social como el egreso del colegio secundario, su casamiento o la llegada de su propio hijo. Una vez que ese acontecimiento se concreta, observamos con asombro instantáneo que el tiempo también ha pasado para él, y lo ha empujado hacia el avance en las etapas de la vida.

La muerte de un ser querido es otro evento infalible que nos trae obligadamente a la mesa de debate la finitud de la vida, que llega cuando naturalmente el tiempo no se ha detenido, sino que ha ganado la pulseada, sobreponiéndose a la mortalidad de la existencia carnal. 

Los hitos sociales, las ceremonias de paso de etapas o los eventos que demuestran el avance hacia una siguiente fase de vida definitivamente imprimirán en las sensaciones del lector que nuestro personaje no sólo está vivo sino que, comprobadamente, es un ser real.

Tiempo interno y externo: avance de la narración y avance cronológico.

El manejo del tiempo, entonces, es una de las herramientas más poderosas y divertidas de la literatura. Sin embargo, entender algunas cuestiones, quizás, un tanto técnicas, nos permitirán dominar esta herramienta sin vulnerarla hacia efectos negativos o no deseados en los lectores.

En las letras, el tiempo no es una línea constante obligatoria. Para entender cómo funciona una historia, comencemos por dividir el tiempo en dos grandes dimensiones: el tiempo cronológico (o de la historia) y el tiempo narrativo (o del relato). Veamos la diferencia:

1. El tiempo cronológico (el tiempo de la historia)

Este es el tiempo de la realidad, el que mide el reloj y el calendario. Es lineal, objetivo y sucesivo (causa y efecto: pasado, presente y futuro).

Si tuviéramos que armar una línea de tiempo con los diferentes acontecimientos de una vida ese sería el tiempo cronológico. Y podemos referirnos a una línea de tiempo diaria o de cortísimo plazo (anclajes que hagan referencia a la mañana, tarde o noche), como así también a plazos u horizontes más extensos (meses, estaciones del clima, años o décadas).

Ejemplo: un personaje se levanta, desayuna, va al trabajo, vuelve y se duerme. Los hechos ocurren en el orden natural en que suceden las cosas. 

En resumen, el tiempo cronológico o externo es la dimensión que señala el contexto histórico o epocal en el que se sitúa la historia. Puede estar claramente definido (una fecha o época específica) o ser más difuso (una ambientación general). Este tiempo influye en un sinfín de factores relacionados que seguirán enriqueciendo la apropiada contextualización temporo-espacial, como es la ambientación, el lenguaje, los valores de los personajes, sus formas de pensar y los acontecimientos históricos que pueden afectar la trama.

2. El tiempo narrativo (el tiempo del relato)

Acá es donde el escritor se convierte en un mago. El tiempo narrativo es subjetivo, artístico y maleable. Es el orden en el que el autor decide contar los hechos, y no necesariamente coincide con el orden en que ocurrieron.

Este tiempo interno es la duración de los acontecimientos dentro de la historia. Puede ser:

  • Cronológico: los hechos suceden en orden lineal.
  • Anacrónico: el tiempo se narra con saltos temporales como flashbacks o flashforwards.
  • Simultáneo: varias tramas ocurriendo al mismo tiempo. También puede abarcar desde unas pocas horas hasta siglos, dependiendo de la narración.

Por lo tanto, el autor dentro de la construcción de su propia diégesis se convierte en el Amo del Tiempo: puede acelerarlo, congelarlo, saltar al futuro o volver al pasado usando distintas técnicas:

A) Alteraciones del orden (anacronías)

Son los famosos «saltos temporales». Los más conocidos son:

  • Analepsis (flashback): el relato viaja hacia el pasado para contar un evento que ya ocurrió y que, consecuentemente, explica el estado actual de una situación, es decir, el presente.
  • Prolepsis (flashforward): el relato da un salto hacia el futuro, anticipando una pista o un dato fundamental de un acontecimiento que sucederá después.

B) Alteraciones del ritmo (duración)

El escritor, como Amo del Tiempo, también decide a qué velocidad pasa el tiempo en el libro. En esta arista del diamante del tiempo de una narración, también existen distintas herramientas que nos brindan versatilidad para relacionarnos con esta variable:

  • Elipsis: se saltea un período de tiempo porque no es importante para la trama (ej: «Pasaron diez años y el niño se convirtió en hombre»). En un segundo pasó una década.
  • Escena: el tiempo de la lectura coincide con el tiempo de la historia (los diálogos son el mejor ejemplo).
  • Pausa: el tiempo de la historia se detiene por completo mientras el narrador describe un paisaje o el pensamiento de un personaje.

Un ejemplo: Crónica de una muerte anunciada

En la famosa novela de Gabriel García Márquez, el tiempo cronológico nos dice que Santiago Nasar fue asesinado una mañana concreta. Sin embargo, el tiempo narrativo empieza por el final: «El día en que lo iban a matar, Santiago Nasar se levantó a las 5.30 de la mañana…». A partir de ahí, la novela va y viene en el tiempo reconstruyendo los hechos.

Algunos ejemplos de acuerdo con el tipo de género narrativo

Además de las decisiones relacionadas al ritmo y a la duración, también el tipo de narrativa desde el punto de vista del género nos van a plantear ciertos parámetros que se constituyen como el marco de encuadre de la historia. Veamos algunos ejemplos:

Género fantástico

Tiempo externo: puede situarse en un mundo imaginario sin relación con la realidad o en una versión alternativa de nuestra historia.  

  • Ejemplo: en la citada historia El Señor de los Anillos de J.R.R. Tolkien, el tiempo externo pertenece a la Tierra Media, un mundo ficticio con su propia historia y mitología.  

Tiempo Interno: abarca varios años, desde la salida de Frodo de la Comarca hasta la derrota de Sauron y el final del viaje.  

Género policial

Tiempo externo: suele ubicarse en un período histórico realista, como el siglo XX o XXI en una gran ciudad.  

  • Ejemplo: en Los hombres que no amaban a las mujeres de Stieg Larsson, el tiempo externo es la Suecia contemporánea.  

Tiempo Interno: puede transcurrir en unos pocos días o semanas, en el transcurso de la investigación.  

Género costumbrista

Tiempo externo: se centra en una época histórica específica con detalles de la vida cotidiana.  

  • Ejemplo: en La casa de Bernarda Alba de Federico García Lorca, el tiempo externo es la España rural de principios del siglo XX.  

Tiempo Interno: transcurre en unos días, con el luto de las hijas de Bernarda y los conflictos familiares.  

Género histórico

Tiempo Externo: se sitúa en una época concreta de la historia real.  

  • Ejemplo: en Los pilares de la Tierra de Ken Follett, el tiempo externo es la Inglaterra del siglo XII.  

Tiempo Interno: abarca décadas, siguiendo la construcción de una catedral y las vidas de varios personajes. 

La otra decisión: El Coyote y el Correcaminos. ¿Saltear el camino y recorrerlo lineal?

Pero, ¿de qué depende la decisión acerca de la velocidad y el ritmo que se le dará al transcurso del tiempo?

La velocidad del tiempo depende de los intereses del narrador, como por ejemplo, darle énfasis a los tiempos psicológicos y emocionales del personaje para procesar su experiencia, acompañándolo desde la agonía del paso del tiempo como acentuador del peso de su proceso.

En la próxima entrega vamos a evaluar con mayor detalle la otra variable relacionada con el manejo del tiempo: la forma lineal o alterada de narrarlo.


 Luego de esta reflexión, nos gustaría saber qué te trajo este tema: 

Pregunta 1 (enfoque en el ritmo y el control del tiempo):

🐢 Como Amo del Tiempo en tus relatos, ¿qué herramienta te resulta más desafiante dominar al escribir: la elipsis (hacer desaparecer años aburridos en un segundo) o la pausa (congelar el reloj para sumergirte en la mente del personaje sin que la trama pierda fuerza)?

Pregunta 2 (enfoque en las anclas de verosimilitud):

🍲 En la escena de El Señor de los Anillos, un simple trozo de comida humaniza a Frodo y Sam. ¿Solés incluir estos microeventos cotidianos para darles realismo a tus personajes, o preferís mantener el foco puro en la adrenalina de la acción?

Pregunta 3 (enfoque en la incomodidad del lector):

🎬 ¿Has sentido alguna vez ese «salto de incomodidad» como lector o espectador cuando una historia acelera su tiempo de forma injustificada? ¿En qué obra o serie te pasó que sentiste que rompieron la «ley del tiempo» de su propio universo?

Pregunta 4 (enfoque en la esencia y el viaje):

✈️ Manuelita viaja a París buscando alterar su apariencia, pero el tiempo de regreso la devuelve a su verdadera piel arrugada. ¿Crees que el paso del tiempo en una novela debe despojar obligatoriamente a los personajes de sus máscaras artificiales para obligarlos a mostrar a su verdadera esencia?

¡Te leemos en comentarios!

¿Te gustaría saber más sobre este tema?

Melodías de un escrito | El podcast para escritores

Te dejamos el enlace al programa en el que reflexionamos sobre escritura y su universo creativo:

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